El abuelo de mi amigo Felipe

Hace poco nos reunimos unos amigos a comer un asado en casa de uno de ellos. Como pasa en estos casos, la conversación deriva por caminos extraños. Y uno de ellos surgió, cuando de pronto mi amigo Felipe nos cuenta que cuando le bautizaron le incluyeron como coletilla de su nombre “del sagrado corazón» o algo así. Lo realmente curioso fue cuando comentó al pasar, que fue bautizado en la iglesia ortodoxa griega.

Sabiendo que su apellido Arauz no sonaba mucho a griego, cayó la pregunta. ¿Cómo es eso de que te bautizaron en una iglesia ortodoxa griega???

Nos contestó que era una larga historia, pero le pedimos que resumiera y la contara. Y nos contó…

Su abuelo,  había nacido a finales del siglo XIX en la isla de Chipre, bajo dominio del imperio otomano, en ese momento.

Pertenecía a la minoría griega de la isla, en un momento en que las minorías no eran muy amigas…

En un enfrentamiento entre griegos y turcos, mataron al padre de su abuelo y a un par de hermanos mayores.

Su madre, al ver la situación, lo dejó todo y se subió a un barco como refugiada, con los 6 hijos que le quedaban, dos mujeres y cuatro hombres. El abuelo de mi amigo era el mayor de esos 4 y tenía 10 años. Todos iban con lo puesto, sin dinero, e indocumentados.

El barco al que subieron, terminó llegando a Francia. Se ve que el gobierno francés no le interesaban mucho los refugiados, así que le extendió a la familia un salvoconducto y los metió en otro barco. Este iba a EEUU. El salvoconducto estaba escrito en francés, y decía algo así como: “queridos americanos, acojan a estos refugiados que les mandamos”. La familia solo hablaba griego así que no sabía lo que decía, pero era el único documento que tenían.

El viaje fue largo. Las condiciones del viaje no eran las mejores, pero no había otra opción que seguir adelante, sin mirar atrás.

El abuelo de Felipe era un niño, y trataba de jugar en el barco como cualquier niño. En uno de esos juegos se metió una moneda en la nariz y se hizo una herida. Con los días, esta herida se convirtió en una gran infección, que le dejó la nariz como un tomate.

Finalmente llegaron a EEUU. Antes de bajar del barco, las autoridades americanas se presentaron, y al ver la nariz del niño, le dijeron a la madre que todos podían bajar en territorio americano menos el niño debido a que se le consideraba enfermo y no lo podían acoger.

Supongo que en ese momento, la madre tuvo que tomar una decisión imposible para una madre. Finalmente eligió bajar con los otros 5 hijos, dejando en el barco al abuelo de mi amigo.

El niño fue acogido en el barco, que siguió su camino, esta vez rumbo a las islas Canarias.

Al llegar a las Canarias, las autoridades españolas no lo dejan desembarcar. Recordemos que solo hablaba griego, tenía 10 años y no tenía ningún tipo de documentación.

Como no entendía el castellano, ante cualquier pregunta solo decía “América, América”… Que era donde estaba lo que quedaba de su familia.

 Ante esto, finalmente le dejaron embarcar en otro barco que iba a América. El problema es queno iba a Estados Unidos,  iba a Argentina (bueno, también es América…)

Así que tiempo después y con casi 11 años, se encuentra en Argentina, solo y casi sin hablar castellano.

Empezó a buscarse la vida y de alguna manera llego al norte de la provincia de Córdoba, a 700 km de Buenos Aires.

Allí consiguió que una familia que tenía una frutería, le diera alojamiento y comida a cambio de trabajar ayudando en el negocio.

Poco a poco fue prosperando, vendiendo fruta a domicilio, o yendo a otros pueblos a vender por las casas lo que sea, desde ropa interior hasta naranjas.

Un día, un político del pueblo le ofrece regularizar su situación. Lo lleva al registro civil y cuando lo va a apuntar, le pregunta su nombre. Le dio un nombre griego impronunciable, seguramente acabado en pópulos o algo así.

El político le dijo que de eso nada, que a partir de ese día se llamaría Felipe Arauz, igual que el terrateniente de la zona (pero pobre y sin las tierras). En un minuto, enterró su nombre griego y adoptó uno español.

Con el tiempo fue un comerciante próspero y rico, se casó, tuvo 8 hijos y consiguió contactar con sus tres hermanos y se los llevó para argentina. Nunca supo nada más de su madre ni de sus hermanas.

Sus amigos le apodaron “el turco” por haber nacido en el imperio otomano. Teniendo en cuenta su historia, que le apodaran asi, era lo que más odiaba.

Cuando mi amigo Felipe nos contaba todo esto, yo pensaba que su abuelo había vivido 4 o 5 vidas de las nuestras.

Mientras conducía volviendo a casa, pensaba en la cantidad de historias como esta que se viven aun hoy y que quedan en el olvido.

Al llegar, lo primero que hice fue escribir esta historia increíble, procurando recordar todos los detalles, pensando en que, al compartirla, no quedará en el olvido.

4 comentarios en “El abuelo de mi amigo Felipe”

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