Camino a Madrid

Hace 31 años, un 25 de agosto como hoy, subíamos la escalera mecánica que había para embarcar, en el aeropuerto de Ezeiza de Buenos aires. Volábamos a Madrid.

Mientras subíamos, veía a todos los amigos que habían ido a despedirnos, alejándose al pie de la escalera, mientras nos saludaban. Argentina quedaba atrás.

Hacia un par de años que me rondaba en la cabeza la idea de emigrar. Un día de 1989 tomamos la decisión. Nos vamos.

A partir de ese momento, empezaron a surgir nuevos retos.

Donde? Bueno, esto fue rápido, elegimos España por la facilidad de idioma y documentación. Y dentro de España? Una ciudad grande te da más oportunidades, y por eso la duda estaba entre Madrid y Barcelona. El catalán nos hizo decantarnos por Madrid. Mi amigo Carlos siempre se reía y me decía: tantos lugares para elegir y te vas a la ciudad que tiene la playa más lejos.

Había que comprar los billetes de avión. Hace 30 años, el transporte aéreo no estaba tan desarrollado. Y era mucho más caro. Luego de valorar opciones, elegimos volar con PLUNA (Primeras Líneas Uruguayas de Navegación Aérea) por ser la más barata.

Por algo era la más barata…

Luego del embarque, recuerdo estar sentado en unos sillones azules y mirar por la ventana despidiéndome del pasado. Tenía la certeza de que no volvería a vivir en Buenos Aires nunca más.

El avión era un antiguo Boeing 707 con pasillo central y 3 asientos a cada lado. Era reciclado de Aerolíneas Argentinas, al punto que los cinturones de seguridad aun conservaban sus logos.

El vuelo duro 17 horas, debido a dos escalas en Montevideo y Rio. Un suplicio.

Para mí era la primera vez en volar, en salir de Argentina, era la primera vez de muchas cosas.

Viajamos un poco excedidos de peso. Solo 95 kg entre dos…. Lo que nos costó poner un billete de 100 dólares dentro del pasaporte al ir a despachar maletas. Todo solucionado. Pero, además, llevábamos puesta toda la ropa posible. Yo iba con un par abrigos, botas texanas, y hasta un mate en el bolsillo.

Llegamos a Madrid un 26 de agosto a las 3 de la tarde. El termómetro del aeropuerto marcaba 38 grados, algo habitual en Madrid en verano. Yo estaba vestido para Alaska en invierno. Sudé mucho.

Allí nos esperaba mi amiga Alicia, que llevaba unos meses en Madrid. Nos subimos a un taxi. Era un Citroën BX, al que yo miraba con curiosidad. A partir de aquí tenía todos los sentidos en alerta. Todo me sorprendía. Los coches, la gente, los edificios, la ciudad… Era un universo desconocido y yo quería conocerlo rápidamente.

Luego de un par de días, nos dispusimos al primer paso, que era alquilar un piso. Había que comprar el Segundamano, que se publicaba lunes, miércoles y viernes, elegir los interesantes y llamar, pero rápido, que había mucha demanda. Así que nos hicimos con muchas monedas de 5 pesetas, los famosos duros. Cada llamada costaba 10 pesetas en esas cabinas en las que se ponían varias monedas en la ranura e iban cayendo dentro.

Las llamadas empezaban a las 8 de la mañana. A despertar al personal. Con suerte de 20 llamadas, conseguíamos 3 o 4 visitas. Y allí íbamos como los topos, dentro del metro, y asomando la cabeza en la estación del piso a ver. Conocimos Madrid bajo tierra.

Tuvimos muchos rechazos, pero finalmente lo conseguimos. Teníamos piso. Ahora había que pagarlo….

Próxima estación, buscar ingresos.

9 comentarios en “Camino a Madrid”

  1. Recuerdo ese día como si fuera hoy, se me eriza la piel, qué momento!
    me imagino el traje de oso en pleno verano, un horror!
    Cuántos detalles! Una invitación, como cada relato, a entrometerme en el “mundo” de ese momento

    Le gusta a 1 persona

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