La Turca

Hace unos días nos reunimos con amigos en casa, para cenar lasaña casera, especialidad de Gabriela.

Cuando ya habíamos pasado los postres y algunas cervezas, llegó ese momento en que, como los abuelos, contamos las historias de juventud.

Esta vez, Eduardo nos contó su historia con la Turca.

Cuando teníamos 14 o 15 años, transitábamos por los años ´70. Nuestra precoz adolescencia se vivía en la calle.

Eduardo pasaba las tardes en la calle con su amigo Claudio, buscando diversiones. Él era el cerebro e inductor de todas las travesuras que hacían. Algunas eran de las que se iban de las manos, como el día que empezaron con un pequeño fuego, y tuvieron que intervenir los bomberos para apagar un gran incendio en el campo, del que nadie supo nunca el origen.

Una tarde, estaban sentados viendo el mundo pasar. Y pasó la Turca. Tendría los mismos 14 o 15 años que él. Pelo largo muy oscuro y unos grandes ojos marrones almendrados.

En realidad era una chica de familia Armenia, pero en Argentina a los Armenios se les llama turcos. Los armenios odian este mote, teniendo en cuenta que consideran a los turcos sus enemigos número uno, cosa que los turcos se ganaron a pulso, matando miles de armenios el siglo pasado.

Pero para ellos era la Turca. 

Cuando pasó caminando a su lado ese día, Eduardo se enamoró.

A partir de entonces, todas las tardes se sentaba con su amigo Claudio a esperar para verla pasar.

Ella pasaba cada día a la misma hora. Alguna vez, soltaba una sonrisa. Otras veces se cruzaban un “hola”. Ambos se miraban y con la mirada mantenían una conversación de fantasía, sin palabras.

Alguna vez, Eduardo pensó en dar un paso más. Pero, quizás el miedo a que dejara de pasar por la puerta de su casa le hizo desistir de la idea.

Así siguieron viéndose más de un año. Cada día a la misma hora, en el mismo lugar y con su fiel amigo Claudio que le acompañaba.

No recuerda como, pero poco a poco ese primer impulso amoroso pasó. Se espaciaron los días, hasta que ya no la esperó.

Supongo que con algún arrepentimiento por no tener la valentía de acercarse a hablar con ella…

Pasó el tiempo, y ya con 20 años, mi amigo va a una fiesta. Allí ve a una chica que le gusta. Luego de acercarse y hablar con ella, logra conquistarla.

Empiezan a hablar y conocerse, y descubre que ella era muy amiga de aquella Turca que veía a diario con 15 años.

“Yo te conozco” le dice la chica a Eduardo.

Ante la cara de sorpresa de mi amigo, ella le cuenta que su amiga, la Turca, pasaba todos los días a la misma hora por la puerta de su casa, con la ilusión de verle, porque ella estaba enamorada de él. Que luego de pasar, se encontraba con su amiga y le contaba como había ido. Hoy me dijo “Hola” le contó un día. Hoy no me miró, le conto otro.

Ella esperaba ese paso más que él nunca dio.

En ese momento, mi amigo sintió algo de nostalgia, recordando todas las tardes perdidas por el miedo y la timidez.

Cuando escuchaba esta historia, tuve la sensación de que todos hemos vivido alguna vez algo parecido.

Luego de los gintonics, mis amigos se fueron, y mientras recogía la casa, antes de ir a dormir, pensaba que, si algo aprendí con los años, es a dejar de lado ese miedo  que me hizo perder cosas y arriesgar más, que la vida es corta como renunciar a vivirla.

1 comentario en “La Turca”

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