Visado en Portugal

Cuando decidí emigrar a Madrid, entré a España con mi pasaporte argentino y como cualquier turista. Al llegar, en agosto de 1989,  me sellaron el pasaporte con un sello que decía “turista, 90 días”.

Ese era el plazo para intentar conseguir que me hicieran un contrato de trabajo, y así tramitar mi tarjeta de residente.

Pero no era tan fácil como pensaba.

Como es lógico, las empresas no se complicaban y ante dos candidatos válidos, yo representaba una complicación extra que me descartaba. Seguí insistiendo y pedí una prorroga de turista por otros 90 días. Si no regularizaba mi situación antes del 25 de febrero del 90, me tenía que pasar a la zona oscura.

En diciembre del 89 empecé a trabajar en una correduría de seguros. Se suponía que mi jefe me haría un contrato para regularizar mi situación. Mientras tanto, estaba sin contrato.

Pasaban las semanas y seguía prometiéndome que lo arreglaría. Nunca lo hizo.

Mientras tanto, yo seguía trabajando ilegalmente.

El 26 de febrero, mi primer día de residente ilegal en España, aparece un inspector de trabajo a nuestra oficina. Yo ni sabía lo que era una inspección de trabajo. Éramos 2, así que era difícil esconderse. El inspector me pide mi documentación, y claro, no existía. Solo tenía mi apreciado pasaporte argentino, que decía que podía transitar España como turista y hasta el 25 de febrero. Ayer. O sea que no solo era un trabajador ilegal, sino que también era un residente ilegal.

El riesgo claro de la deportación, hizo que entrara en pánico.

A través de un amigo, contacté por teléfono con un abogado de esos que son “conseguidores”. Este tío tenía unos 75 años y estaba retirado de los servicios de inteligencia españoles. Tenía contactos y cobraba por ellos.

Previo pago, estudió mi situación y me propuso un visado de reagrupamiento familiar (Gabriela tenia ciudadanía española), que no me permitiría trabajar pero si residir. Por lo menos no me deportarían.

Este visado se solía conseguir en el país de origen, pero gracias a sus contactos, me ahorraría un viaje a Bs. As. y tendría que recogerlo en Portugal, en la fronteriza ciudad de Elvas.

Me preparó un documento para presentar allí y me comentó que el trámite seria presencial y en el día.

Así que me compré un billete de autobús a Badajoz, a 400 km. De Madrid,  y me fui por la noche para llegar de mañana. Al llegar a Badajoz, tenía que tomar otro bus local que me llevara a la frontera con Portugal. Allí me bajaría, pasaría la frontera, y me subiría a otro bus portugués que me llevaría a la ciudad de Elvas, a 15 km. Para las fronteras europeas abiertas, aun faltaban unos años.

Al llegar a la frontera, me bajo del bus. Todos pasan el control menos yo. El guardia civil español comienza a verificar mi pasaporte y ve que estoy ilegal. Yo le explico que es verdad y por eso me estoy yendo. Luego de un rato de consultas, me deja pasar.

Paso a Portugal, pero el bus portugués se había ido. En la frontera no había nada más que el puesto policial y yo. Le pregunto al policía portugués como puedo hacer para ir a Elvas. No quería caminar 15 km.

Me da un teléfono de un taxi. Llego al teléfono público y claro, funcionaba con monedas de escudos portugueses que no tenía. Mis pesetas no servían.

Viendo que me tocaba caminar, comencé a pensar  lo que tardaría, y si llegaría antes del cierre del consulado.

A los 5 minutos veo que pasa la frontera una furgoneta Citroën C-15 blanca con matricula de Badajoz (España). Prácticamente me tiro encima de su capot para que pare.

Le cuento mis penas al conductor y le pido si puede acercarme. Acepta pero me dice que sólo tiene sitio en la zona de carga. Así que me subo detrás en un hueco que quedaba entre los 4 sacos de 50 kilos de patatas que llevaba.

Finalmente llego a Elvas a horario, en parte ayudado por tener Portugal una hora menos. Era una hora más temprano.

Visado para obtener la residencia

La vuelta con mi pasaporte sellado con el visado, fue mucho más relajada. Lamentablemente, al volver, la empresa se deshizo de mí. Y además, no me pagaron el último mes trabajado. Mi jefe me desafió a que se lo reclamara, sabiendo de mi precaria situación legal. No pasa nada, fue algo más a la bolsa de los aprendizajes. Tocaba volver a empezar.

Ya en el bus de regreso a Madrid, repasaba el día, y asimilaba que la emigración no era tan fácil como te la contaban.

También supe en ese viaje de vuelta, que este día que sería uno de los que recordaría, en tertulias de café con amigos.

Poco tiempo después, obtuve una bonita tarjeta de residencia, en la que un enorme sello decía: “este documento no autoriza a trabajar en España”. Faltarían casi 3 años para solucionarlo…pero eso es otra historia.

6 comentarios en “Visado en Portugal”

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