Las cartas de Carlos

Vivimos en una época, en la que la tecnología nos da opciones de comunicación maravillosas. Tenemos en nuestra mano teléfonos móviles, con posibilidad de hablar, hacer video llamadas o simplemente escribir whatsapps… Con un ordenador podemos hacer un zoom con varias personas a la vez, o enviar un simple mail. Tenemos Facebook, Instagram y otras redes sociales. En fin, innumerables opciones de comunicación. No importa que estemos a miles de kilómetros

Pero no siempre fue tan fácil.

Cuando llegamos a Madrid hace más de 30 años, los teléfonos móviles eran de ciencia ficción. No existía internet ni ninguna aplicación informática de comunicación.

Solo quedaba el teléfono fijo de toda la vida. Llamar a Argentina costaba 7 dólares el minuto. Eso hacía que llamara a mi familia como mucho, una vez por mes, y con una duración máxima de 3 minutos. Nuestro presupuesto no daba para más.

Nos quedaban las cartas. Esas que se escribían a mano y había que ir a la oficina de correos enviarlas. Qué lejos parece.

En los primeros meses de soledad en Madrid, escribí docenas de cartas. Les escribí a todos mis amigos.  Recibía muchas cartas de ellos, contestando las mías. Y era una alegría enorme recibirlas.

Poco a poco, muchos dejaron de contestar.

Es muy curioso lo que le pasa a la gente cuando te vas.  Muchos de los que crees que serán tus amigos para toda la vida desaparecen sin avisar. Y otros que, siendo amigos, pero no de los íntimos, perduran en el tiempo y te sorprenden alegremente, al ver que siguen ahí.

Las cartas o su paulatina desaparición, fueron un claro ejemplo de esto.

Hace poco, aprovechando el confinamiento, estuve ordenando la caja en la que tengo guardadas todas las que recibí.

La caja es grande y debo tener más de 500 cartas. Y sólo de 9 o 10 años ya que a partir de 1999 aproximadamente empezamos a comunicarnos por email primero, luego Facebook y luego todo lo demás, con lo que la comunicación  epistolar fue desapareciendo.

Como decía, con el tiempo, dejaron de llegar las respuestas de muchos de los que esperaba que me respondieran.

Y solo unos muy pocos continuaron en contacto siempre.

Y en especial uno, mi amigo Carlos.

Con Carlos visitando Toledo

Fue uno de los pocos que me escribió sistemáticamente. Al principio cada mes. Luego más espaciado, pero siempre escribió.

Sus cartas se estructuraban en capítulos. Primero temas personales. Luego un capitulo a novedades de gente en común. Y terminaba con un apartado deportivo y otro político. Estos últimos, ideales para polemizar a través de las cartas.

Tengo muchísimas cartas suyas hasta que pasamos a la era digital.

Con Carlos nos conocemos desde los 7 años. Durante mi infancia y juventud fuimos amigos pero cada uno tenía a su grupo. Y si bien fue uno de los pocos que estuvieron en Ezeiza y me vio subir la escalera mecánica camino a lo incierto, nunca hubiera pensado que compartiríamos tanto a la distancia. Mucho más que en la cercanía.

Esas cartas fueron muy importantes para mí y por eso no me canso de agradecerle.

Parafraseando la antigua canción de  Moris, yo te digo:

 “mi querido amigo Carlos, compañero de locuras, hoy te hago un monumento, te lo hago de verdad…..”

2 comentarios en “Las cartas de Carlos”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s