El primer televisor

Apenas llegamos a Madrid, uno de nuestros principales objetivos, era alquilar un piso. Buscamos un piso amueblado, para no tener que comprar lo básico y evitar el desembolso correspondiente.

Luego de una búsqueda difícil, conseguimos un piso que estaba amueblado y dentro de lo básico, había algo que no había. Un televisor. Hoy día puede ser que no parezca importante. Pero en ese momento teníamos tiempo libre, no teníamos amigos y mirar la tele era una ventana de conocimiento del nuevo país que estábamos pisando.

En 1989, en España, solo existían dos canales de televisión: la 1 y la 2 de televisión española. Un mes antes de nuestra llegada, había empezado a emitir un canal solo para Madrid. Telemadrid. Nos parecía poco, viniendo de un país con 5 canales. Una enormidad para ese momento.

Como nuestra economía era precaria, decidimos comprar un televisor, usado y barato.

Para adquirir cosas usadas en ese momento, era necesario comprar el periódico “segundamano” que era la biblia de lo usado, del alquiler y venta de pisos, coches, etc. Hoy día se ha transformado en una aplicación para el móvil. En el periódico encontramos uno. Era el más barato. 5000 pesetas, lo que hoy serian 30 euros. Era un antiguo televisor blanco y negro y de válvulas.

Para los que sean jóvenes o no recuerden esos televisores, sus características eran las siguientes:

  • Al encenderlo, se iluminaba un punto en el centro de la pantalla y había que esperar dos o tres minutos para que la imagen apareciera. Por supuesto en blanco y negro.
  • Tenía una rueda para sintonizar los canales.
  • Luego tenía otras dos ruedas para ajustar el vertical y el horizontal.
  • Cuando se resistía a dar una buena imagen, siempre quedaba el recurso de un buen golpe lateral, con la palma de la mano abierta. Muchas veces era efectivo.
  • El mando a distancia era un paraguas con el que le podías dar al botón de encendido. Única posibilidad.

Hablamos por teléfono con el vendedor y acordamos ir a recogerlo a su casa. Su domicilio estaba cerca de la estación de metro Urgel, un lugar desconocido para nosotros, como casi todo. Pero vivíamos en el metro Empalme, y desde allí eran unas 5 o 6 estaciones. El televisor pesaba muchísimo. Tuvimos que parar un taxi porque no podíamos llevarlo entre los dos.

Al llegar lo instalamos en casa. Regresamos unos años al pasado.

Aun hoy recuerdo la ceremonia previa a ver un programa. Primero encender y tener paciencia. La imagen se formará en unos minutos, partiendo de ese punto luminoso del centro de la pantalla. Luego sintonizar el canal, girando con mucho tacto la rueda lateral, hasta lograr una imagen aceptable. Y luego corregir el horizontal y vertical para mejorar un poco más esa imagen. Total, unos 5 minutos mínimo.

Nos duró casi un año. Hoy sería una cotizada pieza de museo.

Pasado ese año, nuestra vecina decidió cambiar su televisor, ya que el que tenía era color, pero no funcionaba bien y solo se veía en tonos de rosa. Nos regaló el viejo. Era un avance. Ya no era a válvulas y había sido a color. Hoy solo era de un color. Todas las imágenes eran rosas.

Finalmente, pasado otro año más, compramos nuestro primer televisor nuevo. Era uno de 20” marca Telefunken.

Dejamos atrás la era jurásica, pero aun recuerdo ese televisor con cariño. Es como el primer coche, era el más feo, pero el mejor.

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