Cine

Una de las cosas que más me gusta es el cine. No solo las películas, sino el hecho de ir a ver una película en el cine. Las tecnologías nos permiten ver películas, además de en el cine, en múltiples soportes, televisor, tablets, ordenador, hasta en el móvil.

Yo debo ser un clásico, porque creo que nada es comparable a ver una película en una sala de cine. Se apagan las luces y yo siento que me meto en la pantalla y vivo la película. Esa sensación no se consigue viendo la película en otro soporte. No me sirve parar la reproducción para ir al baño o porque me llama un amigo. Se pierde la magia.

Las primeras películas que recuerdo ver en cine, son las Disney del cine Los Ángeles de Buenos Aires.  En esa época, esa sala solo proyectaba películas de Disney. Como era pequeño recuerdo haber ido acompañado de mi hermana Nora. Qué tiempos en que las películas de Disney solo se veían en cines…

Con unos 10 años, un día fuimos en familia, todos al cine Gaumont que estaba en plaza Congreso, a ver “Lo que el viento se llevó”. 4 horas de película, más intermedio. A mis 10 años aquello me pareció una tortura. Por otra parte, y pese a las cuatro horas, es el único recuerdo que tengo de un cine en familia.

Cine Gaumont. Buenos Aires

Luego ya con 11 o 12 años, empecé a ir al cine con mis amigos. Por suerte donde yo vivía,  en Ramos Mejía, había dos cines. Esos días de cine en grupo de unos 10 amigos eran fantásticos. Esos cines tenían al vendedor de golosinas que pasaba con su bandeja llena de cosas, colgada del cuello y apoyándola en la barriga. Si había dinero, un clásico era comprar el maní con chocolate. Caja amarilla con un círculo rojo en el centro.

Con el tiempo, llegó la adolescencia, y no voy a negar mi presencia en algunas tardes del cine Ciudadela, acompañado de algún amigo. Programa triple que empezaba a las 14.30 hs. y terminaba como a las 20.00 hs.  Esas películas prohibidas donde descubríamos las primeras tetas que veíamos.

Recuerdo que cuando se estrenó The Wall, la película basada en el disco de Pink Floyd, fui 4 veces a verla al cine. Cada vez que alguien me decía que no la había visto, yo le acompañaba. Hace un tiempo la volví a ver y no entiendo que era lo que me gustaba. Me pareció malísima.

Bueno, los gustos cambian…

Luego llegó el furor del Videoclub, y pese a mi gusto por ver cine en salas, no pude resistirme a la moda, y todas las semanas me pasaba por el videoclub que tenían unos amigos, para llevarme un par de videos.

Tiempo más tarde, cuando vivía con mi amiga Alicia en mi casa del barrio de Versalles, un día vino un amigo suyo, que era estudiante de dirección de cine. Esa tarde vimos juntos en casa, la película “doble cuerpo” de Brian de Palma. Fue toda una experiencia. Me explicaba cada plano, cada toma, desde el punto de vista del director. Ese día aprendí otra forma de ver una película. A partir de eso, me sumerjo en una trama, pero también estoy alerta a como está hecha una toma, o un plano.

Al llegar a Madrid, descubrí que aquí todas las películas estaban dobladas, lo que me sorprendió mucho. Yo había visto toda la vida el cine subtitulado. En Argentina no existe el doblaje para el cine. Quizás por reminiscencias del pasado, hoy prefiero ver todo lo que es posible, en versión original.

Creo que una buena película, es esa que emociona,  te atrapa, te saca una lagrima o una risa y que cuando se encienden las luces, te das cuenta que la realidad es la sala del cine vaciándose, y no lo que acabas de ver.

Espero que esta pandemia dure poco, y pueda volver a disfrutar de una tarde de cine. Ya estoy oliendo las palomitas de maíz….

5 comentarios en “Cine”

  1. […] La semana pasada estaba viendo una vieja película de hace más de 40 años. El protagonista fumaba compulsivamente y la imagen me trasportó a esos años, cuando fumar no era una práctica censurada, sino todo lo contrario. En esos días, los que éramos adolescentes veíamos a los cigarrillos como transporte para llegar a ser adultos. En nuestro entorno, se fumaba en todos lados, en discotecas, donde al entrar te sumergías dentro  de una niebla londinense de humo, en los hospitales, donde veías a médicos que visitaban pacientes con un cigarrillo en su mano, en los aviones donde tenias zona de fumadores, en los todos los lugares de trabajo, los bares…, y por supuesto, en mi casa también. […]

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