Suerte

Hace unos días leí un reportaje, que me hizo reflexionar acerca del concepto de buena o mala suerte.

Ese reportaje contaba la historia de un japonés llamado Tsutomu Yamaguchi. En 1945, este ingeniero naval  de 29 años, tuvo que viajar por su trabajo, a la Ciudad de Hiroshima. Llevaba 3 meses en esa ciudad, trabajando en la empresa Mitsubishi, y se preparaba a volver a su casa, para ver a su mujer y su hijo.

Ese día era el 6 de agosto de 1945, el día en que Estados Unidos detonó  la bomba atómica sobre esa ciudad.

Estaba a unos tres kilómetros del lugar de impacto. Sobrevivió, pese a sus numerosas quemaduras graves y tímpanos reventados. Luego de ser atendido esa noche en el hospital, no quiso esperar más y regresó maltrecho a su casa, para reunirse con su familia.

Su casa estaba en Nagasaki, donde el día 9 de agosto se detonó la segunda bomba atómica. Volvió a sobrevivir. Poco a poco se recuperó de sus heridas, y continuó con su vida, muriendo a los 93 años, en el año 2010.

Algunos pensarán que tuvo mala suerte, un pleno de dos de dos, en bombas atómicas. Otros pensarán que tuvo buena suerte. A pesar de las bombas, sobrevivió y tuvo una larga y próspera vida.

A lo largo del tiempo, he escuchado a muchas personas atribuir los hechos de su vida a la suerte. Sobre todo a la mala suerte, cuando son negativos. Pero que es la suerte? Existen hechos fortuitos y lejos de nuestra posible intervención. El pobre japonés nada podía hacer para cambiar los hechos que sucedieron…

Por eso, mi opinión es que la suerte no existe. Tengo la certeza que lo que llamamos suerte, es un estado de ánimo. Creo que, en gran parte, somos dueños de nuestro destino. Hay dos aspectos, que a mi modo de ver, son fundamentales.

El primero es el hecho en sí, que puede ser fortuito, como el caso de nuestro amigo oriental, o no fortuito. Estos últimos vienen precedidos de cada decisión que hemos tomado a lo largo del tiempo. Elegimos un camino, descartando los otros. Tomamos este camino porque, con los elementos que disponemos en ese momento, creemos que es la mejor opción.

Vamos creando nuestro destino al elegir en cada cruce, cual camino seguir. Y esas elecciones, condicionan las elecciones futuras.  Es cierto que a veces nos parece que en el pasado elegimos mal alguna vez. Pero creo que nunca debemos arrepentirnos de esas decisiones. Es muy fácil ver la posibilidad de haber elegido en el pasado otras opciones, teniendo en cuenta los elementos que conocemos hoy. Pero eso es hacer trampas.

Así nos encontramos con un hecho a valorar, y allí entra el concepto más importante. La actitud con la que lo enfrentamos

Esa actitud ante la vida impregna nuestra formación, nuestra tenacidad, nuestro humor, la relación con los otros, todo. Nuestra actitud positiva o negativa nos lleva a ver el vaso medio lleno o medio vacío.

Así, creo que muchas veces somos “culpables” de nuestra supuesta buena o mala suerte, ya que nuestros actos presentes están condicionados en gran parte por nuestros actos pasados. Pero  también por la actitud con la que los afrontamos. La suerte la hacemos cada uno.

A mí siempre me hizo más feliz cambiar algo negativo en algo positivo. Como el caso de nuestro amigo japonés. Para mí fue muy afortunado…

3 comentarios en “Suerte”

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