Música

El filosofo Friedrich Nietzsche decía que “Sin música la vida sería un error”. Yo leí esta frase por primera vez, siendo adolescente. Un día que revisaba discos usados en una tienda de Buenos Aires, encontré un vinilo de un grupo desconocido. Nunca lo había escuchado y ni sabía que estilo tenia, pero me impactó leer la frase de Nietzsche en la contraportada. Fue suficiente para motivarme a comprarlo.

Mi pasión por escuchar música comenzó a los 12 o 13 años. Cuando tenía 15, mis padres viajaron a EEUU de vacaciones. Ese año, era de esos en que la caótica economía de Argentina, hacia que fuera muy barato viajar. Les pedí que me trajeran de regalo, un equipo estéreo con radio y reproductor de casetes. Para el momento era de lo mejor a lo que podía aspirar.

En ese equipo, comencé a grabar mis primeras cintas de casetes, desde la FM. Tardes enteras en mi cuarto, escuchando música con aquellos auriculares enormes, que hace unos años volvieron a ponerse de moda.

Jamás tuve habilidad alguna para tocar instrumentos. En el Instituto sufrí tocando la flauta. En un cumpleaños, mi hermana me regaló una cítara, un extraño instrumento de cuerda con el que tampoco conseguí muchos avances. Tampoco tuve dotes para cantar, aunque memorizaba las letras de las canciones. Enseguida fui consciente de mis limitaciones, y me conformé con escuchar, conocer y disfrutar de la música.

Cítara

Al principio escuchaba la música del momento, como cualquier adolescente. Luego empecé a devorar rock y pop. Cuando lograba ahorrar algo de dinero, iba a las tiendas de vinilos de segunda mano, revolviendo lo que había. Comprando de todo un poco y sin saber lo que compraba. A veces eran descubrimientos, como aquel vinilo con esa frase. Otras eran discos que no valían ni como un frisbee para jugar en la playa.

Entre esas compras y lo que iba escuchando de otras personas comencé a incorporar más. En 1980, compré un deck, ese componente para casetes, que, unido al amplificador y al plato de discos, conformaba un equipo de música de más calidad. Me dejé todos mis ahorros. A partir de ese momento, grababa casetes de mejor calidad. Tengo aquí en Madrid todos mis vinilos y más de 150 cintas de esos casetes.

Más adelante, Fabián, un compañero de la universidad  me introdujo en el heavy metal, y con el conocí a grupos como  Metallica y AC/DC, o Gun´s and Roses. Fabián era un personaje. Aprendió a hablar inglés sin haberlo estudiado. Solo escuchando canciones y leyendo las letras. Había conseguido tal nivel de inglés, que una multinacional lo contrató para acompañar por Buenos Aires, a los americanos que venían por trabajo. Recuerdo que cuando compré “Invisible Touch” de Genesis, nos pasamos la tarde escuchándolo en el coche, y Fabián me hacia la traducción simultánea de las letras.

Mi amigo Alejandro es músico. Es un genio del piano, y con un conocimiento increíble de música clásica. Cuando éramos adolescentes, y yo iba a su casa,  me la hacía escuchar piezas de música clásica de los discos que acababa de comprar. He de decir que en ese momento no estaba entre mis elecciones, pero gracias a Ale, aprendí mucho de lo poco que sé, y hoy disfruto también con su música. Ahora Alejandro vive en Alemania, pero de vez en cuando, pasa por Madrid y nos vemos. Gracias a que mi hija estudia piano, hay un piano en casa y cuando viene, tengo la excusa perfecta para pedirle que nos toque algo.

Me pasa que tengo algo así como la banda sonora de mi vida. Asocio muchos momentos de mi vida, algunos malos, otros buenos, a una determinada canción o un determinado grupo.

Al escuchar una vieja canción, viene a mi mente momentos que he vivido y que esa canción era su banda sonora. Algunos muy tristes, que hacen que si escucho en la radio la canción que me lo recuerda, cambio de emisora. Otros mejores, que me hacen retroceder con nostalgia al pasado.

Por ejemplo, no puedo escuchar  la canción “up where we belong”  de Joe Cocker y Jennifer Warnes. Era la banda sonora de la película que estaba viendo en el cine, mientras mi madre tenía su accidente mortal. Sin embargo, “another one bites the dust” de Queen me lleva a las noches del verano de 1981. Todas las noches la ponía a todo volumen antes de salir.

Tengo varias playlist en spotify, y alguna es un recopilatorio de las canciones de mi vida, como esta. Cuando escucho esta playlist, voy viajando en el tiempo y en el espacio en cada canción.

Y sigo escuchando de todo, bueno casi de todo. Con el reggaetón de momento no puedo…

12 comentarios en “Música”

  1. La música es un regalo para acompañar la vida. Siempre he pensado que tendría que ser como en las películas que en los momentos importantes sonara una música acorde con la situación. No sería estupendo?

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s