Coches

Siempre me gustaron los coches. Mi hermana me cuenta que con unos tres años me sabía las marcas de los coches por las insignias, sin saber leer, y las recitaba mientras pasaba al lado de una fila de coches aparcados. Unos años después, cuando me aburría estando de vacaciones, en el apartamento de Miramar, jugaba  contando coches por la ventana. O en mi casa de ramos Mejía, cuando organizaba campeonatos con mis coches de juguete y un dado. Muchos de mis juegos estaban relacionados con las cuatro ruedas. No es casual mi pasión actual por la Fórmula Uno.

jugando con 4 años

Recuerdo que mi máxima ilusión al acercarse mis 18 años, era conseguir mi carnet de conducir y tener un coche.

Eran otras épocas. Todos mis amigos habían conducido alguna vez con sus padres, y algunos ya conducían bien, antes de tener carnet de conducir. No era mi caso, mi padre jamás me dejó hacer ni 10 metros al volante. Siempre me decía que al cumplir los 18 aprendería en una autoescuela.

Y así fue. Cuando me quedaban un par de meses para mi 18º cumpleaños,  conseguí que me apuntara a una autoescuela cercana a mi casa. Se llamaba “Apolo 11”, y las prácticas se hacían en un Fiat 600 azul. Luego de varias clases, tocaba el examen. La autoescuela tenía por norma, llevar a sus alumnos a examen los jueves. El primer jueves después de mi 18º cumpleaños fue el día 10 de setiembre y llovió, así que no hubo examen. Tocaba esperar al próximo jueves, el 17 de setiembre. Ese día aprobé, 11 días después de cumplir los 18.

Mi primer coche con 18 años. Un Fiat 1500 familiar de 1972

Estaba claro que el coche de mi padre era intocable. Pero como iba a trabajar ayudándole, y visitando sus clientes, necesitaba uno. Así fue como, al mes siguiente mi padre me compró un Fiat 1500 familiar del 72, rojo. El coche era de un cliente suyo. Pero eso no fue garantía. Estaba hecho polvo. A mí no me importaba, era un coche.

Llevaba tres días con él, y tuvo su primera avería. Se quedó sin el motor de arranque. Solo arrancaba empujándolo. En esos días, siempre iba con amigos, que les tocaba bajarse y empujar muchas veces, cuando se calaba. Una vez arreglado, surgió un problema de tensores de dirección, que ocasionaba que, al frenar, giraba a la izquierda. Luego el sistema eléctrico… una ruina. Pero fue el primero, y lo recuerdo con mucho cariño.

Al año siguiente, y visto que era un desastre de coche, lo pude cambiar por un Dodge 1500 naranja Fanta que parecía muy barato. No era casualidad…

Mi segundo coche. Dodge 1500.

Otra ruina. Fueron los peores coches que tuve, pero en esa época, los disfruté como si fueran unos Ferraris. Esos años hice muchos kilómetros trabajando por toda la ciudad. Muchas veces, pasaba la tarde trabajando con algún amigo, que me acompañaba de copiloto.

Cuando llegamos a Madrid, tardamos casi un año en tener un coche. Un Ford Fiesta. Pero a partir de ese momento, comenzamos a salir todos los fines de semana. Como no conocíamos nada, cada vez elegíamos un destino a no más de 200 km para ir y volver en el día. Y al llegar las vacaciones  empezamos a recorrer Europa en  tienda de campaña. Así, nos fuimos hasta Hungría. Muchos kilómetros.

Primer coche en Madrid

Sigo disfrutando al conducir, aunque ahora me estoy haciendo viejo, y en los viajes largos, se me encasquillan las rodillas, y hay que hacer más paradas. También disfruto más del viaje, y tengo menos prisa por llegar. Pero siempre prefiero conducir yo, que ir de pasajero.

13 comentarios en “Coches”

  1. Recuerdo mi Seat 850, MA 70877, regalo de un primo mayor. Tardamos 24 horas en viajar de Madrid a Benicarló (488 kms.). Infinidad de correas se quedaron por el camino, tuvimos que cambiar la junta de la culata, y sin embargo, qué buenos recuerdos.

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  2. Todos alguna vez lo tuvimos ese primer auto. En mi caso fin un Fiat 600 azul compartido con mi madre. Recalentaba todo el tiempo. Siempre más pendiente de la temperatura que de lo demás. Es verdad que hoy lo recuerdo con cariño aunque no tengo motivos para ello. Jaja será la nostalgia

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  3. Yo comencé a los 18 años también a conducir y mi primer coche fue un Seat 850, pero el Dodge Dart era el sueño de mi vida en aquella época. No lo pude tener porque era demasiado caro. También me gusta más conducir que ir de pasajera. Gracias por compartir tan bonitos recuerdos. Un abrazo!!!

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  4. Yo no solo recuerdo mis coches, sino que aún conservo documentación de los más antiguos, incluso alguna matrícula de las que empezaban por M. También recuerdo un Citroen DS que tenía un conocido de mi padre, de esos que popularmente se llamaban Tiburón, cada vez que venía le pedíamos que nos diera una vuelta. ¡que tiempos! Un abrazo.

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  5. Tuve la suerte que mi padre me dejara manejar el tractor a los 6 años. El viejo Fiat U25 tenía la posibilidad de trabar la marcha en la caja de baja, por ende, cualquier hormiga viajaba más rápido que mi conducción en tractor. Ya a mis 12 años, en una ruta desierta en Villa Lía, mi padre me dio el Falcon. Al entrar al pueblo, no supe embragar y encaré el badén como venía. Pegué al cardan y saltó la cruceta. Como era un repuesto que el Falcon rompía seguido teníamos una en el baúl y la cambiamos. Mi primer trabajo profesional fue ser agrónomo extensionista de Córdoba, Santa Fe y Santiago del Estero, con una F-100. Tres mil kilómetros a la semana, todo tipo de roturas y arreglos en ruta como para llegar al pueblo más cercano. Alguna vez, bajando del camino de las Altas Cumbres, casi llegando a Cura Brochero, voy a apretar el embrague y en el intento el pedal completo se cae al piso. Se cortó el perno de la pedalera. Sin embrague fui hasta Rio Cuarto, vía la ruta 1 de San Luis, y de ahí a Laboulaye, donde en un taller de un conocido, con un torno hicieron la pieza rota… La odisea de ese viaje dio origen al un capitulo del primer libro de LaCalleDelFondo (aquí en el blog la historia se llama El Gallo, pues no solo andaba sin embrague, otras cosas pasaron también https://sfelguer.wordpress.com/2019/02/12/el-gallo/ )
    Siete veces desarmé, reparé y volví a armar el motor de mi primer auto, un Falcon 1986; la primera vez me sobraron algunas piezas, jaja, pero luego de que a tiro recorriera unos cuantos kilómetros ¡arrancó! y bueno, las últimas veces tomé el cuidado que todo lo que desarmaba lo vuelva a armar. Ahora, ya con medio siglo en los huesos, solo levanto el capot para ponerle agua al sapito si hace falta, de todo lo demás se encarga el service, ja. Abrazo.

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