Bicicletas

En el confinamiento tuve, como muchos, tiempo libre en casa. En uno de esos días de encierro, bajé a buscar algo al trastero y me encontré con unas viejas bicicletas de mis hijas. Ya no les valen por ser pequeñas, así que seguramente terminarán en un portal de venta de segunda mano.

Mis hijas tuvieron varias bicis. A medida que ellas crecían, iba aumentando también su tamaño. Sentado, mirando el estado de las ruedas de las que tenía guardadas, recordé el momento en que recibí mi primera bicicleta.

En casa nunca habíamos tenido una.  Mis hermanas, que son mayores que yo, no habían tenido esa suerte. Pero llegó mi décimo cumpleaños. Ese día me regalaron una. Era una bicicleta marca Legnano con ruedas de veinte pulgadas y de color mezcla de amarillo y verde oliva metalizado, con detalles en rojo.  En esa época las bicis casi siempre eran Legnano o Aurorita, que eran las dos marcas más conocidas.

La que me regalaron, era un modelo que tenía una bisagra en mitad del cuadro y que permitía plegarla. Parecía nueva, recién pintada y tenía una dinamo en la rueda trasera que alimentaba a la luz delantera, y un portaequipaje sobre la rueda trasera. Recuerdo ese día. Recibir esa bici me hizo muy feliz. Solían ser  pocas las veces en las que deseaba que me regalen una cosa y se cumplía el deseo.

Con el tiempo descubrí, con decepción, que no era nueva, sino que era reciclada de mi primo Carlos. Estaba repintada, por lo que por lo menos la pintura sí que era nueva.  Nunca me gustó recibir cosas recicladas de mis primos. Recuerdo una camiseta de uno de ellos, que era del colegio Ingeniero Copello y llevaba el escudo de ese colegio. Yo odiaba esa camiseta y evitaba usarla. Y con la bici se repetía la historia.

Como nunca había montado en bici, me pusieron unas rueditas de esas que se instalan en la rueda trasera, para que no me cayera. Luego de un tiempo,  ya creía que podía andar sin ellas, y le pedí  a mi padre que me las quitara. Quería ser mayor, y esas rueditas eran para niños pequeños, según mi visión.

El primer día sin rueditas, Salí de casa muy animado. Fui pedaleando con confianza hasta la esquina, pero a la hora de girar, se me nubló el panorama, y terminé en el suelo. Volví a casa aguantando el dolor de las heridas que llevaba con sangre, en la rodilla izquierda y en el muslo derecho. Llegué más avergonzado que dolorido. Pero con el tiempo superé el aprendizaje.

Pasado un año, la bisagra del cuadro, para plegar la bici, se rompió. Quedaron dos medias bicis. Mi padre, que era de soluciones radicales, se la llevó a un cliente suyo que tenía un taller, y la trajo con una soldadura en lugar de la bisagra. Ya no se rompería ni se plegaria nunca más. En el lugar de la soldadura quedó una mancha negra sin pintar hasta el fin de sus días.

A mis quince años, ya no la usaba. Mis amigos tenían bicis grandes, con ruedas de veintiocho pulgadas. Yo quería una de esas. Ahorré dinero poco a poco, y luego de un tiempo, pude comprar una de segunda, o tercera, o a saber de cuantas manos. Era vieja, pesada y despintada, pero no me importaba. Era mi bici. Conseguí en casa un bote de pintura acrílica negra, y la usé para pintarla. Durante un par de años fue mi compañera de aventuras.

Muchas años después, y viviendo en Madrid, me compré una muy buena, y la usé un tiempo, hasta que quedó abandonada en casa, y allí sigue.

Es curioso como ahora las bicis las usamos de adultos para hacer deporte, pero esos momentos de salir en bicicletas con amigos cuando teníamos 10 o 12 años, casi desaparecieron.

Hace unos días tuve oportunidad de visitar Leuven, en Bélgica, y me quedé sorprendido, al ver una ciudad pensada para la bicicleta, donde absolutamente todo el mundo se mueve en ellas.

Me volvieron las ganas de pedalear y, como donde vivo hay muchas cuestas, estoy pensando en una de esas  que tienen un motor de apoyo. Un amigo tiene una y está muy contento.  El deporte no es lo mío, aunque quien sabe.

15 comentarios en “Bicicletas”

  1. Yo de niño tuve una BH plegable con la que disfruté mucho tiempo. Por suerte era nueva pues la de mis hermanos estaban bastante “afectadas”. Siempre he tenido bici. Hace unos años me compré una de oferta muy chula y ahora monto con cierta frecuencia haciendo rutas y siempre por campo. Me encanta salir, pero a paso tranquilo, sin batir récords. Disfrutando tanto como de niño. Un abrazo.

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  2. Ay, como me gustaría montarme en una bici y salir pedaleando. Es mi frustración. Tuve un accidente y perdí el equilibrio. No puedo quedarme más de 2 minutos en la bici. 😂🤣😅 Hasta caminar se me va mal. Ya rompí 2 veces un pie y perdí la cuenta a los entorses. ¡Sigue pedalando! 🚲❤

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  3. Yo recuerdo la primer bici que tuve con vergüenza, era muy pequeña para mí y color naranja butano, pero era de segunda o de tercera mano y a mí ya me servía, aunque evitaba que ningún conocido me viera con ella jajaja. Un abrazo.

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    1. El problema de mi ciudad es que tiene muchas cuestas. En Bélgica o Países Bajos es más fácil. supongo que en tu ciudad sueca pasará lo mismo. Tiene mucho más valor aprender de adulto que de niño, asi que es para que estés orgullosa. Un saludo.

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