Un día de Furia

Cuando llega la noche y nos vamos a dormir, hay un momento en el que no estamos ni dormidos ni despiertos, y pensamos o soñamos, no lo sé muy bien. Es en ese momento,  en que se nos ocurren las ideas más disparatadas, sobre todo, en aquellos días en que algo que nos pasó, nos taladra la cabeza y no podemos dejar de pensar en ello.

A veces son soluciones brillantes. Otras veces, si algo nos ha cabreado mucho, se nos ocurren cosas censurables. Luego, al día siguiente, solo en aquellos días en que lo recordamos, aprovechamos las ideas brillantes y descartamos las ideas censurables, con una sonrisa interior, pensando: como se me ocurrió esto.

Bueno, esto me pasa a mí. Seguramente, otros tienen la suerte de dormirse instantáneamente.

Pero supongo que hay veces, que algunas personas están sometidas a situaciones límites y convierten en realidad alguna de esas ideas extremas. Como la historia que conocí de Gerardo.

Gerardo y Samuel, eran dos hermanos mellizos de unos cuarenta y tantos años. En su casa, Gerardo desde pequeño, sufría la discriminación de su familia. Samuel  era o parecía más inteligente, triunfaba en sus estudios y en la vida social. Gerardo sufría para aprobar sus estudios y era muy tímido. Prácticamente no tenía amigos.

En su casa, todos los halagos eran para Samuel. Y en el colegio también. Los castigos eran para Gerardo,  y Samuel se libraba casi siempre. Tenía una mínima defensa de su madre, pero tuvo la desgracia de que muriera cuando él tenía 10 años. A partir de allí, para su padre solo existía Samuel. Cuando le preguntaban por sus hijos, solo hablaba de él.

Llegó la universidad para Samuel. A Gerardo su padre le dijo que fuera a trabajar, porque no servía para estudiar. Y el sueldo que ganaba, se quedaba en casa.

Los años fueron pasando, y se fueron incrementando las burlas y los desagravios.  Samuel era un hombre de éxito y su hermano Gerardo, malvivía con un mísero sueldo, ignorado por su familia.

Hace un tiempo, su padre enfermó, y ante la posibilidad de que su enfermedad le acercara a su muerte, donó todo su patrimonio a Samuel, dejando a Gerardo sin nada.

Supongo que la ira y frustración de años de Gerardo crecía como en una olla a presión. Así fue que un día, hubo una reunión familiar en casa del padre de los hermanos. Ese día, pasó algo que no sabremos, y que seguramente, fue la gota que colmó el vaso.  La olla a presión estalló, y se convirtió en diez puñaladas para cada uno con un cuchillo de cocina. Con una paz absoluta, Gerardo llamó a la policía, les contó lo que había hecho, y les dijo que les esperaba para que le detuvieran, mientras se sentaba en el sofá a ver la televisión, con una cerveza en la mano, y aun con manchas de la sangre de su padre o su hermano, que estaban sentados sin vida en el otro sofá.

 Uno de los policías que le detuvo,  contaba que al entrar en la casa, lo encontró  absolutamente tranquilo, hasta feliz, y liberado de una carga enorme. Solo pidió acabar su cerveza.

Seguramente, eligió una de las peores soluciones para aliviar su frustración.

Hace muchos años vi una película, protagonizada por Michael Douglas, titulada “un día de furia” que resume esos momentos en los que se supera el límite del control. Quizás, Gerardo también la vio.  Hoy es un preso modelo dentro de su prisión. Hace unas semanas le hicieron un reportaje, y entre otras cosas, le dijo al periodista, que sentía que era uno de los presos más libres de su cárcel. Ahora, hasta hizo amigos y tiene una familia allí dentro.

5 comentarios en “Un día de Furia”

  1. Justo leí un artículo que hablaba de los jóvenes (usualmente son varones) que sufren abuso o en la familia o en el colegio y de ahí es un declive: no encajan, no desarrollan su inteligencia emocional, no logran mantener un trabajo, se aíslan más y más… Acumulan el odio a la sociedad por lo que «les han hecho» y empiezan a fantasear con la idea de matar para buscar esa atención y reconocimiento que siempre les ha faltado. El perfil del asesino en masa. Lamentablemente, esta situación se está agravando con la falta de esperanza de los jóvenes ante las crisis climáticas, económicas y familiares, el aislamiento de las grandes ciudades, el uso intenso de video juegos que embota, etc. En estos casos se va a acumulando la locura.

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  2. Pareciera un relato de ficción, aunque bien podría ser una crónica de sucesos de cualquier diario local, en cualquier parte del planeta. Sea como fuera, me convenció, y me alegro por el pobre Gerardo, que, al menos, ahora sí tiene una familia.

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