Series

Hace unos días, estaba haciendo zapping en la tele, y descubrí que estaban reponiendo otra vez, uno de los capítulos de la serie “Colombo”, de principios de los setenta. Aunque en su día, ya los había visto todos, me enganché y le di a la tecla del mando para verlo desde el principio.

Esa serie era una de mis favoritas. Muy original para la época, los capítulos casi eran películas de hora y media, y con un enfoque distinto, donde empezaba mostrando la cara del asesino y construyendo la intriga sobre el policía y su investigación. Colombo era un antihéroe perfecto. Desaliñado, aparentemente despistado, sin levantar la voz ni utilizar jamás la violencia.

Mientras la veía, notaba que esta vez, la veía en color. La tele en color no llegó en Argentina hasta mayo de 1980. Eso me llevó a esos tiempos en blanco y negro de mi niñez y adolescencia.

Los primero recuerdos que tengo frente a un televisor son las imágenes del Apolo 11 en la luna. Ese 20 de julio de 1969 me faltaba mes y medio para cumplir cinco años, y pese a la corta edad, lo recuerdo porque todos estaban pendientes en casa del acontecimiento.

La televisión que se veía en Buenos Aires en esa época tenía 5 canales. Cuando llegué a Madrid en 1989 y solo se sintonizaba la uno, la dos, y la recién estrenada Telemadrid, me di cuenta que tuve suerte en tener más donde elegir.

En los setenta, fui consumidor de muchísimas series americanas, algunas con más de veinte años de antigüedad, pero que todos los años aparecían otra vez. La gran ventaja de esas series, era que los capítulos eran independientes, como si fueran pequeñas películas con principio y fin. Esto me permitía verlos sin seguir un orden.  Prácticamente nunca existía una trama en segundo plano que hiciera de hilo conductor.

Y así, veía muchísimos capítulos repetidos de series míticas, como “Bonanza” con sus más de 400 episodios,  “Misión imposible”, antes de que naciera Tom Cruise, “las calles de San Francisco”, con un joven Michael Douglas, “Kojak” con Telly Sabalas comiendo sus chupachups. En fin, podría nombrar cientos de series, muchas de las cuales marcaron a los de mi generación.

Una de la que más recuerdo, y que mas me gustaba, era “los vengadores”, pero no los de Marvel, sino aquella serie inglesa protagonizada por Patrick McNee y Diana Rigg, de mediados de los sesenta. Todos los días al volver de mi primer año de universidad, llegaba a casa a las 12 de la noche, siempre que el tren cumplía su horario.  Mientras cenaba lo que mi madre me había dejado preparado, veía un capitulo que empezaba a esa hora. La serie me encantaba y Diana Rigg como la Emma Peel,  fue un mito erótico inigualable.

Los años pasaron y aparecieron nuevas series, como  “V”, donde la malvada Diana se comía los ratones vivos. Y luego llegó Corrupción en Miami, Que en su día me impactó por su estética, su música y sus coches. Todas las semanas esperaba frente al televisor para ver el capítulo de estreno. En general de una hora de duración, pero que incluía sus quince o veinte minutos de publicidad.

Luego llegó la televisión por suscripción y últimamente las plataformas como Netflix.

Y cambiaron los hábitos.  Ya no hay una hora determinada de un día de la semana. Se acabó la publicidad. Se puede ver un capitulo a la carta, y ahora espero a disponer de toda la temporada, para no tener que esperar al próximo capítulo, y verlos de corrido. Si tengo sed la pongo en pausa. Eso sí, se deben ver en orden, porque el hilo conductor es importante.

Antes, con los amigos comentábamos el capítulo de la noche anterior, como cuando en el colegio, nos reíamos de  “El chavo del ocho”, que por supuesto, todos habíamos visto.

Ahora, algunas son tan complejas, como por ejemplo “westworld” que compartimos ratos buscando interpretaciones de lo que pasó en la serie.

También nos recomendamos series enteras,  y nos preguntamos: En que plataforma está?

Todo cambia, pero esas series antiguas, que en algunos casos, hoy serian políticamente incorrectas, son clásicos, y  me siguen enganchando y llevándome a esos años de la tele de cinco canales.

14 comentarios en “Series”

  1. Guille, ¿veias la series de marionetas ? Capitan escarlata, indestructible luchador contra los marcianos, Joe 90, que lo capacitaban con lentes previo ponerlo en un carrousel encerrado a un nene de 9 años.

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  2. Hola Guillermo, tuve la suerte de ver la televisión en Argentina, desde los primeros programas en Canal 7, blanco y negro por supuesto, con Doña Petrona C. de Gandulfo y su infatigable Juanita, los informativos, los partidos de fútbol, Blackie… Creo que fue por el 57 o 58 que apareció por primera vez Tato Bores, y locutores como Guillermo Brizuela Méndez, Pinky, Nelly prince, Cacho Fontana.
    Con la llegada de los 60 aparecieron Canal 9 y Canal 13 con los sábados de El Club del Clan y las series americanas. En cuanto a series las que me gustaban eran Bonanza, el Dr.Kildare, Ruta 66, Yo quiero a Lucy, El show de Dick Van Dyke, Lassie, Rin-tin-tin, El Santo. En los 70 llegó Kung Fu, que no me la perdía nunca.
    Tomábamos la leche con el Capitán Piluso, peleábamos con Titanes en el ring y nos pasábamos horas con los Sábados Circulares de Pipo Mancera. Gracias por recordármelos. Un abrazo.

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  3. Siempre sus historias dejan algo. En este caso Las ventajas de ser contemporáneo del escritor son significativas para mi. Cada recuerdo de Guillermo abre en mi cabeza una serie de ventanas sobre los hechos que nos cuenta. A modo de confidencia pensé que era el único que recordaba a esa edad la llegada del hombre a la luna jaja

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  4. Como me gustaba «Colombo» y todas esas series de la época que describes tan bonito. Como ha cambiado el mundo de las series. Ahora que interese alguna, es difícil. Lo mismo me ocurre con el cine. Gracias por compartir y permitirnos recordar. Un abrazo!!!!

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  5. Mis series favoritas de esa época eran (y son): “ El Gran Héroe Americano”, “El Equipo A”, “Starsky y Hutch”, “Colombo” y “Lou Grant” esta última porque la veía siempre con mi abuela. Verlas de nuevo, nos devuelve a un tiempo que fue y que vivimos, que fue mejor o peor, pero que siempre se quedará ahí, escondido entre sus secuencias. Un saludo!

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