Perro verde

Mi amigo Raúl siempre me decía, que luego de muchos trámites en dependencias públicas, Había aprendido que si le pedían un perro verde, lo mejor era olvidarse de intentar convencer al funcionario de turno, que los perros verdes no existen. Y a continuación, pintar el perro con pintura verde. Esa sería la única forma.

Un día, mientras tomábamos un café en el Vips de la calle Princesa, de Madrid, me contó una anécdota muy divertida. Hacia unos cuantos años, había viajado a Uruguay para visitar a sus familiares, y de paso, recoger un título de un máster que había hecho tiempo atrás, y que podía serle de utilidad en su trabajo actual en Madrid. Para que el titulo tenga validez fuera de Uruguay, era necesario que se apostillara en el ministerio de relaciones exteriores.  Para el que no lo sepa, la “apostilla” es un sello de validez internacional, que certifica la autenticidad del documento.

Su viaje era de pocos días, por lo que se dirigió a recoger el titulo al día siguiente de llegar a Montevideo. Nada fue fácil. Le dieron hora para la recogida siete días después, ya que debía ser firmado por tres de los profesores responsables.

A la semana fue a recogerlo muy temprano, y se lo dieron sin problemas. Al salir, fue directamente al ministerio para tramitar el sello de la Apostilla. Tenía prisa, ya que al día siguiente volvía a Madrid.

Llegó a las 10 de la mañana y sacó un número en la máquina de turnos.  A la media hora vio  su número en la pantalla, y fue al mostrador. El funcionario de turno miró el diploma y le dijo que no era posible apostillarlo, porque los tres profesionales que firmaban el diploma, debían poner debajo de su firma, un sello con el número de colegiado.  Y que volviera cuando lo tuviera corregido.

Salió de allí con mucha frustración, y fue a tomar un café al bar de la esquina.  Sabía que era inútil discutir. Y sabía que no habría tiempo de resolverlo en una mañana.

Buscó mentalmente una solución, mientras apuraba el final del café, y luego de un rato, diseñó mentalmente la estrategia a seguir. Y la puso en marcha.

Lo primero que hizo, sin levantarse de la silla de la cafetería, fue llamar a la facultad emisora del diploma. Le explicó a la persona que le atendió el teléfono, que esa mañana había recogido su título allí. La secretaria le recordaba perfectamente. Luego le comentó que había ido a apostillar su titulo, y que el funcionario del ministerio, le pedía la numeración de colegiado de los firmantes del diploma, con el fin de localizarlos más rápidamente en sus archivos. Por ese motivo le pidió que se los facilitara, para acelerar dicha búsqueda.  Todo esto, se  lo dijo con voz de corderito, intentando dar mucha pena.

Su primera fase funcionó, y la señora con la que hablaba, le dijo que le llamara en diez minutos para darle tiempo a buscarlos. Al cabo de esos diez minutos, le volvió a llamar, y ella le dictó los tres números de colegiado.  Todo perfecto, Eran las once menos cuarto y comenzaba la fase dos.

Salió de la cafetería, y se acercó a una papelería que había visto al lado, y que ponía “sellos de goma en una hora”. Entró y le encargó al dependiente, tres sellos de goma, cada uno de ellos con el texto “colegiado Nº….”.

Se dio un paseo de 45 minutos y volvió a la tienda. Los sellos estaban hechos.  Los pagó, y le pidió al dependiente de la tienda, que por favor le prestara una almohadilla de tinta. A continuación, selló cuidadosamente el diploma con esos tres sellos, debajo de las firmas.

Antes de las doce, estaba esperando nuevamente en el ministerio. Al llegar al mostrador, le dijo al mismo señor, que le había atendido antes, que ya estaba corregido el error, y que el diploma incluía los números de colegiado solicitados. Al verlo, el funcionario le dijo con un tono muy amigable: “ahora sí que está correcto!!!”

Una hora después salía con el diploma apostillado y con la satisfacción de la prueba superada.

A partir de ese día entendí mejor porque decía lo de pintar el perro de verde…

10 comentarios en “Perro verde”

  1. Su ingenio y el no entrar a discutir con el funcionario de turno, hizo que todo se resolviera. Aquí se dice mucho «eres más raro que un perro verde» jejeje y lo que le pasó a tu amigo fue una rareza llena de despropósitos. Gracias por compartir. Un abrazo

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  2. El sistema burocrático no entiende del sentido comun. Confrontar en determinadas circunstancias sólo puede alejarnos del objetivo. Solo le falto al protagonista enviarles a los colegiados sus sellos para que puedan aclarar sus próximas firmas😄😄

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